El Espacio Estatal del Maíz Nativo de Oaxaca denunció la censura en contra del Doctor Sebastião Pinheiro a quien le bloquearon su página de Facebook tras alertar sobre el intento de la trasnacional «Mars» de patentar los genes del maíz olotón, el cual es nativo de Oaxaca.
El olotón es una variedad de semilla de maíz nativa de Oaxaca perfeccionada durante cinco mil años por las comunidades indígenas que habitan en las selvas y bosques de niebla de la sierra mixe.
De los nutrientes indispensables para las plantas superiores —es decir, las reproducidas por semilla— el nitrógeno es el más importante. Pero llevarlo al suelo y hacerlo asimilable para los vegetales resulta complicado, tanto que el mundo gasta 200 mil millones de dólares al año en fertilizantes nitrogenados.

Maíz olotón
El maíz olotón es considerado como una planta fuera de serie, ya que es capaz de tomar el nitrógeno que hay en el aire, transformarlo y autofertilizarse.
Antonio Turrent, investigador emérito por el SNI y agrónomo de la Universidad de Chapingo, detalló que el olotón crece en condiciones de suelo y clima muy específicas —de ahí que sólo se siembre en Oaxaca y Chiapas—.
Entonces, la idea de los grandes capitales es aislar esta capacidad fijadora del nitrógeno y trasladarla a otras especies.
En opinión del académico, transferir dicha característica a otros cultivos y países sería benéfico para el planeta ya que los abonos nitrogenados son contaminantes de principio a fin, pues mientras que su fabricación es responsable del dos por ciento del CO2 emitido a la atmósfera, sus residuos terminan en lagos, ríos y mares, donde eutrofizan las aguas o, en otras palabras, favorecen la multiplicación de algas que agotan el oxígeno acuático y hacen colapsar a los ecosistemas.
Por ello, el doctor Turrent se dice partidario de aprovechar esta característica del olotón en aras de una agricultura mucho más sustentable.
Sin embargo, se opone a que una transnacional la patente sin reconocerle a los indígenas el mejoramiento genético autóctono desarrollado en las milpas de sus ancestros, y a que no los haga partícipes de las regalías que esto pueda generar a futuro.
Al respecto, la historiadora y profesora de Harvard, Gabriela Soto, en su libro «Laboratorios en la selva», define a la biopiratería como: “La explotación descarada del conocimiento tradicional y los compuestos químicos a través de medios legales, por lo regular mediante patentes”.
Plan para su protección
Es por ello que para evitar que las grandes compañías abusen de su poderío económico y se aprovechen de los múltiples vacíos legales que hay, seis instituciones mexicanas —entre las que se encuentran la UNAM y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias (INIFAP)—, participan en un proyecto de Conacyt llamado Protección de la Propiedad Intelectual Social del Carácter Fijación Biológica de Nitrógeno del Maíz Olotón.
El objetivo es describir esta planta a detalle, registrarla en el Catálogo Nacional de Variedades Vegetales y concederle la autoría intelectual de su capacidad fijadora de nitrógeno a los productores mixes.
Y es que una empresa extranjera desea hacerse con los derechos de una variedad nativa de maíz que podría revolucionar la industria agrícola. Sus intentos por patentarla, sin considerar a los habitantes de los 13 municipios que integran la región mixe, bien podrían considerarse biopiratería, dijo Gabriela Soto.
Empresa paga a Totontepec
Trascendió (en un reportaje publicado por la Escuela Ambiental de Yale) que la transnacional Mars buscó un acuerdo confidencial con la comunidad de Totontepec a fin de consolidar la patente y le pagó cien mil dólares bajo el argumento de que de ahí se tomaron las semillas estudiadas, algo que a decir del profesor Turrent es cuestionable pues el olotón no fue desarrollado por la gente de ese poblado en particular, sino por todos los indígenas de la sierra mixe.
“Además, el monto otorgado al poblado resulta magro si consideramos que el mercado de fertilizantes asciende a miles de millones de dólares”.
Por ello, la profesora Mariana Benítez, del Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad del Instituto de Ecología de la UNAM, considera relevante impulsar proyectos que protejan nuestra biodiversidad, como el suscrito por la UNAM, el INIFAP, el Colegio Posgraduados, el Instituto Tecnológico del Valle de Oaxaca, la UAM y la Universidad Autónoma Comunal de Oaxaca, pues considera que la biopiratería es una práctica común por parte de los países primermundistas en detrimento del llamado Tercer Mundo.
Con información de la UNAM