A 30 años de la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI), red de pueblos, barrios, tribus y nacionales originarias de México, la más grande que se haya dado al margen de las instituciones en el último siglo, el Estado continúa sin reconocer los derechos que les corresponde y que, en los hechos, muchas comunidades ejercen, sobre todo para el resguardo de sus territorios.
Las actuales consultas para la iniciativa de la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos han resultado un fiasco en diferentes geografías del país, donde los pueblos están interponiendo recursos legales en contra de un proceso que consideran amañado y de una iniciativa que no les reconoce el territorio, al tiempo que en algunos estados incluso se ha impedido la realización el “ejercicio” encabezado por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
Comunidades purépechas, matlazincas, nahuas y afromexicanas de Michoacán, por ejemplo, interpusieron un amparo “indirecto, colectivo y estratégico” contra la consulta “simulada, fallida y autoritaria” sobre la iniciativa. El amparo, interpuesto por el Consejo Supremo Indígena de Michoacán (CSIM), busca anular la convocatoria y metodología “unilateral”, exigiendo que se elabore una nueva consulta en común acuerdo con las comunidades indígenas que no excluya a nadie por no estar en el catálogo del INPI, que respete las costumbres, los tiempos y la cultura de las Asambleas Generales de cada comunidad, y que garantice que la consulta tenga un carácter vinculante.
En Michoacán y en otras entidades se cuestiona la “viciada e inconstitucional metodología implementada por el INPI, mediante la cual pretende desahogar, discutir y avalar una ley de alta complejidad y de más de 450 artículos, que afectará profundamente los derechos de los pueblos indígenas, en una sola jornada de máximo cinco horas, suprimiendo fases de consulta e imponiendo unilateralmente, las sedes, los tiempos y las formas de los foros de consulta”, explicó el CSIM.
Hace 30 años, al calor de la insurrección zapatista, los pueblos decidieron organizarse y no dejarse. Hoy se proponen asumir los nuevos retos, pues arriba no tienen llenadera.